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La experiencia personal del Dr. Hidalgo

¿Doctor y usted por que no se opera la miopía?

Testimonio Dr. Hidalgo

Esta pregunta era inevitable para los miles de pacientes que he tratado de miopía a lo largo de los últimos años. Unas veces por desconfianza a un cirujano que operando de miopía usaba gafas y otras mostrando asombro de que el doctor no quisiera compartir la satisfacción de ver sin necesidad de gafas. A todos la misma respuesta: mi córnea es demasiado delgada para poder realizar la intervención LASIK, porque además de miopía tenía astigmatismo y el láser Excimer en mi caso, necesita retirar bastantes micras de tejido para quitar todas las dioptrías. Para los más curiosos debía explicar que el grosor de mi córnea en la parte central era de 510 micras y teniendo en cuenta que después del corte de la cuchilla del microqueratomo (120 micras) y de la ablación del Excimer (110 micras) debe quedar un lecho de córnea sin tratar de al menos 300 micras, en mi caso la operación no era segura ya que sólo quedarían 280 micras de córnea sin tratar. Pero la ciencia avanza y los investigadores descubrieron el láser de fentosegundo. Este láser produce 15.000 pulsos de energía en un solo segundo que son enfocados en el interior de la córnea ocasionando microburbujas de CO2 y agua que al expandirse diseccionan el tejido corneal. El láser de fentosegundo elimina la necesidad de cortar la córnea con una cuchilla ya que el tejido es separado por el efecto de las microburbujas y de esta forma garantiza la creación de un colgajo corneal perfecto, controlado por ordenador, a la profundidad precisa que se quiera programar. Con el láser de fentosegundo, incluso mi caso es operable (con un colgajo de 90 micras, mas las 110 de ablación queda un lecho de córnea sin tratar de 310 micras).

Desde junio de 2007 he utilizado el láser de fentosegundo en cientos de pacientes y el resultado ha sido sorprendente: además de controlar perfectamente el espesor del colgajo, los resultados visuales eran excepcionales, y miopes de hasta 11 dioptrías recuperaban el 100% de la visión sin gafas a las pocas horas de la intervención. No existía ninguna excusa para aplazar la intervención, sólo que opero todas las semanas y quería disponer de unos días libres para la recuperación postoperatoria. Estas navidades disponía de 10 días de vacaciones y planifiqué mi propia intervención: graduación precisa con y sin dilatación de la pupila, topografías de la córnea, examen del fondo de ojo, preparación preoperatoria con un colirio de antibiótico, y a operarse. Un colega manejó el mismo láser de Zeiss con el que yo he intervenido a miles de pacientes, sin duda el mejor aparato de láser para la corrección de los defectos visuales construido hasta ahora.

La intervención fue el 22 de diciembre y puedo adelantar que ha supuesto para mí el mejor “gordo” que me podía tocar. Estar en el lugar del paciente me ha servido para experimentar todas las sensaciones de una operación que cambia radicalmente la vida. Habitualmente administro a mis pacientes un tranquilizante antes de la intervención (5 mg de valium), yo no me tomé ninguno porque afortunadamente no me pongo nervioso en los quirófanos (son bastantes años los que he pasado dentro) y además confiaba plenamente en las habilidades de mi colega y en la tecnología empleada. En esta fase inicial comprendí que podía cambiar el valium por un poco de charla con el paciente, transmitiéndole mi confianza absoluta en la tecnología empleada y en mis propias habilidades quirúrgicas desarrolladas en miles de horas de práctica. Sin duda desde ahora contaré mi experiencia a cada paciente que intervenga para calmar su inevitable ansiedad.

Continúo el relato: entré al quirófano vestido con la bata, gorro y patucos habituales, esta vez como paciente de una intervención que he realizado miles de veces pero a la que me iba a someter por primera y única vez. Me instilaron unas gotas de anestesia en los ojos, y después me tumbé en la camilla.

A partir de este momento todo fue tan rápido que tengo que hacer un esfuerzo mental para recordar cada paso de la intervención y cómo los sentí. Lo cierto es que a los 5 minutos de entrar en el quirófano me sorprendió ver bastante bien al levantarme de la camilla. La euforia me hace adelantar el final, pero mejor cuento con detalle lo ocurrido. El primer paso fue el láser de fentosegundo que separó una fina capa de mi córnea, de 90 micras de espesor exactamente. De todo este complejo proceso que ha necesitado décadas de investigación, la única sensación que he tenido ha sido un leve escozor en los ojos al poner el instrumento que mantiene abiertos mis parpados y unos segundos de visión borrosa. En pocos minutos ya estaba situado bajo el láser Excimer que retirando unas micras de tejido corneal (110 exactamente) conseguirá librarme definitivamente de la miopía y el astigmatismo que tengo desde los 6 años de edad. De mi paso por el láser Excimer, que a tantos millones de personas en todo el mundo ha liberado de las gafas, sólo recuerdo mirar una luz verde intermitente y oír el ruido del láser que desde la posición de paciente suena más grave y apagado que desde el puesto de cirujano.

En unos minutos la intervención ha acabado, noto un leve escozor en mis ojos y al levantarme de la camilla veo con sorprendente nitidez, como a través de unas gafas con algo de vapor. Mientras descanso en una habitación en penumbra, con los ojos cerrados pienso en la maravillosa tecnología que ha hecho posible este pequeño milagro y también en el escepticismo de algunos oftalmólogos hace 15 años cuando empezó a utilizarse el láser Excimer y pensaban que no tendría ningún futuro. También pienso en que podré contestar con el conocimiento de mi propia experiencia la inevitable pregunta de los pacientes: doctor,¿me aconseja que me opere?. Sí, te lo recomiendo positivamente porque va a cambiar tu vida para mejor.

“Antes de operarme con láser Excimer no era capaz de ver los letreros de la autopista desde bastante distancia con total nitidez”.

Bueno ya me estoy adelantando de nuevo a los acontecimientos y es que no puedo evitar la euforia que supone ver perfectamente sin gafas a las 24 horas de la intervención, no sólo por el hecho de prescindir de estas prótesis, que según el diseño pueden incluso favorecer la estética, sino porque mi agudeza visual es más nítida y perfecta que con todas las gafas que he utilizado en mi vida. El día siguiente de la intervención fui conduciendo por el centro de Málaga y descubrí que los adornos navideños estaban formados por miles de escamas brillantes, también percibí que los árboles del paseo tienen miles de hojas de colores diferentes. Yo antes sólo había visto manchas de colores como en un cuadro impresionista, sin ninguna nitidez: ¿acaso no había graduado bien mis gafas?

A los dos días de la intervención fui conduciendo por la autopista de la costa del sol hasta Manilva y después por la sinuosa y estrecha carretera de montaña que lleva a Gaucin. Más sorpresas: aunque había recorrido la autopista cientos de veces, ahora descubría detalles del paisaje que antes no existían para mí, además soy capaz de ver los letreros de la autopista desde bastante distancia con total nitidez.

En el regreso de Gaucin a Málaga, conduje de noche por primera vez después de la operación. Como sólo han pasado dos días desde la operación tengo un poco de miedo por la posibilidad de ver halos en las luces de los otros vehículos. De hecho, con gafas percibía gran cantidad de halos al conducir de noche y tenía dificultad para ver bien las líneas de delimitación de la carretera, por lo que evitaba conducir cuando no había buena luz.

Ahora todo ha cambiado, no veo ningún halo y sólo han pasado 48 horas desde la intervención, veo las líneas laterales perfectamente y también los letreros y las señales de tráfico, me siento seguro, anticipo perfectamente el tráfico y por primera vez estoy disfrutando de conducir de noche.

Ya en mi casa, comienzo a ver una película. Una de mis aficiones es el cine y me he instalado una pantalla de 3 metros de ancho en el salón y un proyector.

Comienza la proyección de la película Amadeus sobre la vida de Mozart. La he visto otras veces y además de la banda sonora, me gustan los decorados y el vestuario. Comienza el espectáculo: estoy descubriendo detalles del vestuario y del mobiliario de los palacios de Viena y Salzburgo que antes permanecían ocultos a mis ojos de miope. Incluso percibo que los personajes tienen sudor en la cara en algunas escenas, increíble, jamás había visto estos detalles. Presiento que tendré que ver de nuevo todas mis películas favoritas para descubrir los detalles invisibles con mis gafas de miope.

En estos primeros días que he dejado de ser miope percibo cambios en mis hábitos que en pocos meses me parecerán normales: ya no busco en la mesita de noche las gafas cuando me levanto, al ducharme veo mis pies, me afeito mirándome la cara (antes con mi mano izquierda comprobaba el afeitado tocándome la cara), en el peluquero puedo ver en el espejo el corte de pelo que me hace, cuando paseo por la calle veo con todo detalle al frente y a los lados sin la limitación de los marquitos de las gafas, por lo que me siento más seguro y camino con más soltura y más erguido (quizá ahora deje de dolerme la espalda). Mis ojos están descansados y ha mejorado mi blefaritis. No se nota en absoluto que toda mi vida he usado gafas.

Quiero experimentar todo lo que me perdí por culpa de mis gafas: nadar en la playa y volver a donde estaba la toalla sin perderme, ver el fondo del mar con las gafas de buzo, hacer deporte sin gafas, excursiones por el campo redescubriendo los paisajes, viajar sin miedo a perder las gafas… Para una persona que nunca ha necesitado gafas, estos pequeños descubrimientos y placeres pueden parecer ridículos, pero la legión de miopes que aún quedan en el mundo seguro que me comprenden.

Para todos los que tienen miopía, astigmatismo o hipermetropía y que dependen de gafas dedico unas palabras de esperanza: con las nuevas tecnologías de láser y lentes intraoculares es posible prescindir de las gafas en casi todos los casos. Además de prescindir de las gafas, bastantes personas van a experimentar una mejoría de la agudeza visual porque el láser Zeiss corrige también aberraciones visuales que no corrigen las gafas. Todos vamos a disfrutar una experiencia gratificante con un procedimiento extraordinariamente seguro, sin molestias y con una recuperación asombrosa.

 

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