Testimonio de nuestros pacientes
El tratamiento con láser de los defectos refractivos del ojo se realiza con éxito desde 1990. Millones de personas en todo el mundo se han beneficiado de este tratamiento y han mejorado su calidad de vida independizándose de las gafas. La tecnología disponible en la actualidad es más precisa y fiable que hace 15 años, por lo que ya nadie duda de la seguridad que aporta dicho procedimiento.
A diario vemos que los motivos que influyen en la toma de una decisión tan importante como es la de someterse a este tipo de cirugía son de diversa índole y dependen de las prioridades personales de cada paciente, sirvan como ejemplos, prescindir de gafas o lentillas, conseguir una calidad visual óptima de cara a oposiciones o pruebas de aptitud…, etc. Independientemente de que los motivos de operarse sean funcionales o estéticos, en la maduración de la idea de acudir a un centro especializado para someterse al tratamiento LASIK a contar bastante la opinión de un familiar o amigo previamente operado y que nos relata una experiencia positiva: ausencia de dolor, recuperación visual rápida y satisfactoria, mínimas molestias, son frases tranquilizadoras que cuentan más que la información exhaustiva sobre la tecnología del láser.
En nuestros centros, el 80% del personal de plantilla ha usado gafas alguna vez y todos han sido operados con láser en la propia clínica. Pensamos que resulta fundamental, trasladar a nuestros pacientes la confianza de quien día a día los recibe y colabora en cada paso del proceso incluyendo el momento de la operación. En las Clínicas Hidalgo, consideramos que para el paciente es muy importante que el personal que le atiende empatice con sus expectativas y motivaciones, por lo que además de contar con una dilatada experiencia a nivel médico-clínico, queremos ofrecerle el testimonio personal de los profesionales que componen parte de la plantilla de Clínicas Hidalgo.
JOSEFINA CORPAS DOMÍNGUEZ
Recepcionista de Clínicas Hidalgo en Málaga.
Desde niña he usado gafas y si algo tenía claro es que las odiaba, siempre trataba de prescindir de ellas, a pesar de las regañinas de mi padre para que las llevara a diario. A los 18 años, aproximadamente, comencé a utilizar lentillas, abusé tanto de ellas en los sucesivos años que acabé desarrollando intolerancia. A raíz de aquello, tuve que volver a rescatar mis gafas y resignarme a su uso.
Un buen día, recibí en casa un folleto que anunciaba las Clínicas Hidalgo, allí mismo se había operado pocos meses antes, un familiar que me animó a que acudiera. Pedí cita para realizarme el estudio preoperatorio y sin más dilación, cita para cirugía.
A pesar de estar muy motivada, no negaré que sentía miedo a la intervención, prueba de ello fue el estado de ánimo con el que acudí a la intervención, estaba algo nerviosa. Me tranquilizó mucho sentir una mano amiga, en este caso la de la enfermera. Aunque dentro de quirófano todo fue bien, recuerdo que me produjo cierta molestia el “vacío” (ligera presión sobre el ojo).
Durante el postoperatorio más inmediato, experimenté fotofobia, me costaba abrir los ojos puesto que la luz me molestaba bastante, esta sensación duró 2 horas.
Dado que llegué a casa tarde, en seguida me dormí y recuerdo que al despertar lo primero que hice fue salir a la terraza y mirar las matrículas de los coches, quería comprobar mi agudeza visual en la visión del lejos y… era perfecta. Al cabo de un mes mi visión de cerca estaba totalmente recuperada.
Es de las decisiones más acertadas que he tomado en mi vida, para mí ha sido como si me hubiese tocado la lotería.
TERESA ORTEGA HUERTAS.
Óptico de Clínicas Hidalgo en Granada.
Me pusieron mis primeras gafas a los 11 años. Empecé a utilizar lentillas con 15 años. A partir de los 25 (tras 10 años de uso de lentes de contacto) comencé a experimentar rechazo a las LC, tan sólo las toleraba un par de horas al día por lo que la mayoría del tiempo usaba gafas.
Decidí realizarme cirugía refractiva cuando a la óptica en la que trabajaba, acudió un cliente que me refirió su experiencia tras haberse operado y yo misma pude comprobar lo bien que había quedado; él mismo me dio el teléfono y en seguida me puse en contacto con Clínica Hidalgo.
Tras hacerme el estudio preoperatorio y saber que era apta para el procedimiento con láser, no lo dudé y escogí fecha de cirugía. El día 28 de abril de 2006 se me practicó el siguiente tratamiento:
OD-3.75-0.75*95º =1,0
OI-3.75-0.75 * 90º =1,0
Durante la cirugía… No fue nada molesto, de hecho resultó más rápido e indoloro de lo que pensaba. El hecho de tener cerca a las enfermeras que me comentaban cada paso y me cogieron la mano me dio mucha seguridad y tranquilidad. ¡Fue todo realmente bien!
Recién concluida la operación, pasé las primeras horas en la sala de descanso y después en casa, en esos momentos sentía lo normal, un poco de escozor y sensación de cuerpo extraño.
Al día siguiente fue muy satisfactorio abrir los ojos y poder ver incluso más nítido que con mi corrección habitual, aunque la sensación que tenía era la de llevar puestas las lentillas.
En la revisión del día siguiente mi agudeza visual era de 1,0 y el polo anterior era normal; así que, con el tratamiento que el doctor me indicó, al mes ya estaba haciendo vida normal, pero con una mejor visión.
Mi calidad de vida ha mejorado al 100% y mis expectativas se han visto superadas.
Después de 2 años mi visión es estupenda, por lo que estoy muy satisfecha y recomiendo a todo el mundo esta intervención.
MATILDE GONZALEZ MARTINEZ
Recepcionista de Clínicas Hidalgo en Granada.
Llevaba mucho tiempo pensando en operarme, y la verdad es que no sé por qué no lo hice antes. No me ocurría como a muchos pacientes, el hecho de sentirme asustada por la operación, más bien considero que la ilusión de deshacerme de gafas y lentillas para siempre podía contra cualquier atisbo de miedo.
Las gafas no me gustaban mucho y las lentillas empezaban a darme problemas, puesto que en cada revisión a la que acudía a la óptica, siempre terminaba tirándolas a la basura; así que, tras una de esas ocasiones pensé en operarme.
El día del estudio preoperatorio estaba muy, muy nerviosa. Había leído sobre el tema y los motivos por los que una persona podía no ser candidata a la cirugía. Yo tenía cataratas y pensé que ello podría contraindicar el procedimiento refractivo, en mi caso no fue así, el Doctor Hidalgo me explicó que las cataratas que padecía eran congénitas y que no supondrían problema alguno de cara a la operación. No sé si el Doctor lo recordará, pero yo lloré sutilmente de alegría, era la persona más feliz del mundo.
El día de la cirugía no estaba nerviosa, creo que mi madre se llevó esa parte, más bien me sentía ansiosa por lo que para mí suponía lo que iba a ocurrir. Comencé a notar el gusanillo en la sala de pre-quirófano, algo que desaparecía según me daban ánimo las enfermeras, nunca olvidaré el cariño y la atención que me dedicaron; ellas iban explicándome todo el proceso y eso me tranquilizaba bastante, lo único que resultó ser molesto fue el momento del vacío.
La recuperación fue increíble. De vuelta a casa no podía aguantar la incertidumbre de saber si veía bien, así que de vez en cuando abría un poquito los ojos para comprobarlo, fue como un milagro, sólo habían transcurrido unas horas desde la intervención y veía claro y nítido.
Yo aconsejo a los pacientes que lo hagan, que se operen, merece la pena. A diario recibo a muchas personas en la clínica y os aseguro que el día posterior a la cirugía todos coinciden en preguntarse “¿por qué no lo habré hecho antes?”.
BEATRIZ LIMÓN VALLADARES
Psicóloga de Clínicas Hidalgo en Málaga.
Usaba gafas desde los 8 años y las lentillas no llegaron hasta los 14 años aproximadamente. Al principio de utilizar lentes de contacto me parecía increíble que sólo introduciendo algo en el ojo se consiguiera una visión incluso mejor que con las gafas, ahora me pregunto, ¿qué habría sentido al comprobar el resultado de la cirugía refractiva en aquel entonces?, me habría parecido un milagro.
Según pasaba el tiempo, mi graduación iba aumentando y con ello la intolerancia a las lentes de contacto, por lo que el orden de uso se invirtió, el uso diario de las gafas fue relegando el de las lentillas a los fines de semana y posteriormente ni siquiera a eso; tanto es así, que ahora me doy cuenta de la diversidad de motivos que nos impulsan a cada uno de nosotros a optar por esta intervención, es decir, en mi caso utilizar gafas no era en absoluto problema alguno, de hecho siempre me han gustado, lo que no resultaba de mi gusto era depender de un elemento ajeno a mí, las gafas se pueden romper y creedme, con una refracción como la mía antes de operarme si eso hubiese ocurrido no habría sido capaz de dar un paso sin la ayuda de otra persona.
Esa idea de dependencia no me gustaba nada y por ello una vez que mi visión o dicho de otra manera, mi falta de visión estuvo estable, no lo pensé más y decidí acudir a Clínica Hidalgo en Málaga (lugar en el que se había operado un amigo) para realizarme el estudio preoperatorio. El resultado del estudio fue muy positivo, a excepción de conocer que mi retina estaba bastante dañada y requería un tratamiento previo con láser Argon, algo que también pude solucionar en las Clínicas Hidalgo y que tan sólo supuso posponer una semana la fecha de cirugía.
El día de quirófano lo recuerdo como una experiencia totalmente positiva, no me sentía nerviosa en absoluto, lo que iba a ocurrir era exactamente lo que ansiaba, dado que ya no recordaba lo que era ver bien a través de mis ojos, sin gafas de por medio. El personal de la Clínica, ahora mis compañeros, se portó extraordinariamente conmigo y eso, junto con el resultado de la operación, contribuyó sobremanera a que el 7 de febrero de 2007 se haya convertido en una fecha muy significativa.
El postoperatorio y la posterior recuperación, en mi caso, se desarrollaron sin problema alguno, lo único que hacía evidenciar la intervención era el uso extremadamente frecuente de lágrimas artificiales, para evitar la sequedad, y lo más importante, el hecho de que mi visión era perfecta.
Aún hoy, en ocasiones no lo creo del todo; y si antes de operarme lo que no recordaba era ver sin el uso de gafas y lentillas, lo que hoy no me parece del todo cierto es haberlas utilizado en alguna ocasión.


